Fantasías animadas


Ibamos caminando con mi sobrinita, cuando de la nada me preguntó "Tita... ¿es temporada de conejos o temporada de patos?". "Temporada de patos" le contesté sin pensar demasiado, oteando para todos lados en busca de una heladería. "No", me dijo con la seguridad que solo tienen los chicos y los solitarios, "es temporada de conejos". "Ahá", le dije agarrándole firme la mano para cruzar la calle. "Y cuando termine la temporada de conejos... - profundizó, porque se daba cuenta que tenía que ser muy didáctica - ...empieza la temporada de patos". "Claro", le respondí enfilando al mostrador, "siempre es así". "No", refutó. "A veces es temporada de patos, y cuando termina empieza la temporada de conejos". La miré un rato, la subí al mostrador, la senté para que eligiera los sabores, y la seguí mirando. "Cierto", acepté a regañadientes, "a veces cambia". Dudamos un poco entre si una copa helada para las dos, o un par de helados individuales, y terminamos comprando dos cucuruchos con distintos tipos de chocolate. Nos sentamos a tomarlos en la plaza: no quieras saber el enchastre. Al principio sufro de ver las gotas de marrón espeso cayendo a plomo sobre la faldita. Pero al final me entrego, disfruto, me chupo los dedos y le esquivo como sea las manos. Después nos metemos en un baño y la lavo hasta agotar las servilletas. Ya limpita, la llevo a que me acompañe a mirar vidrieras, y así se pasa la tarde. "Tita", me dice tironeándome de la mano cuando entramos a la galería, "¿Sabés por qué es temporada de conejos?". "No", admito frente a un vestido que con un par de ajustes me quedaría bárbaro, "¿vos sí sabés?". "Claro", me dice con carita de Mafalda: "Porque terminó la temporada de patos".

10 comentarios originales