Dónde está Noé cuando se lo precisa


Estoy resfriada. tengo los senos frontales empujándome la frente para afuera, un dolor de cabeza como consecuencia, y para que se entienda, no el mejor humor. Ayer la sobri estuvo conmigo toda la tarde, hasta que mi hermano la viniera a buscar. Y ya está en la edad de la primera independencia. Se limpia el culito sola, con lo cual el piso del baño es un stock de bufandas de papel de 74 metros. Se baña por su cuenta; lo que traducido viene a ser vaciarme el shampoo en la bañera, ya que "quería ver cómo hacía burbujitas. Le quise echar un poquito, Tita Romu, y no recuerdo por qué se me cayó...". Y otras manías más: ponerle tapón a la pileta del baño para lavarse las manos; revisar una y otra vez los caramelos, a ver si los ratones no le comieron ninguno; meterse en mi cama a dormir con 73 peluches; en fin. Cuando se la llevaron me quedé con el cuerpo vacío, el corazón vacante y un océano de tranquilidad. O eso creí. Y como tenía planes para la noche, fui a darme urgente un baño. Abrí la canilla de la pileta para que el agua se fuera calentando hasta llegar a la ducha, y me vine a la compu a chequear los mails. Y cuando estaba cerrando y dispuesta a desvestirme, apoyé un pie en el suelo y supe que el océano no era de tranquilidad. El agua me estaba inundando la pieza, y ya se me venía a la zona de los enchufes. Salí corriendo al baño para comprobar que sí, efectivamente la nena sigue tapando la pileta del lavabo por más que la conminé a no hacerlo, y que las más de las catástrofes ocurren por falta de verificación. Así que a minutos de que me pasaran a buscar yo estaba atajando el cortocircuito a base de remar el haragán, saltaba como la Komanechi levantando cajas y muebles del piso, agotaba rollos de cocina y exprimía el trapo a más no poder. Cuando todo era un kilombo, pero por lo menos semi seco, tiré la toalla, me vestí y rajé. Nunca quise irme con tanta certeza de mi casa. Jamás he tardado tanto en volver. Y acá estoy, muriéndome de jogging, pulover, ruleros y día después. Amenazándome a mí misma por extrañar a la mocosa, pasando a letras mis desdichas y cambiando el reino por un Tafirol.

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