Los chicos son una caja de Pandora, una caja de sorpresas, una cajita feliz. No importa cuánto se mate la Tita Romu inventándole cuentos a la sobri a la hora de dormir; no importa que le alquile el video de El viaje de Chihiro en vez de Pokemon XXVII; ni que cada tanto la lleve a las salitas de nenes de las librerías fifí, o que de chiquita la acostumbre a que los cuadros son dibujitos preciosos hechos por gente mayor. Nada. Basta con que diga culo, para que se mee de risa. Si trato de convencerla de que se ponga una campera, advirtiéndole que "Afuera están los osos polares déle pelearse por una bufanda", es verdad, se sonríe con ojitos pícaros. Ahora, si la cosa es "¡Vamos, ponete ese saco que hasta a mí se me hiela el culo!", estalla en carcajadas. Me da bronca, pero con tal de verla reirse y que me campanillee un ratito el alma, soy capaz de ceder con lo que sea. Así que "Nena, a comer que la tita te hizo una comida de esa que los duendes lamen el plato" se transformó en "¡A comer antes que te pegue un mordisco en el culo!". Y se desarma a risotadas. Cuando hay que bañarla, ya no "Juguemos con el pato y los barquitos." No. "¡Vamos a meter en el agua ese culo sucio!" y se cae al suelo del ataque. Así que después de años de pulirme lo bruta, de tratar de estilizar el espíritu (dado que el cuerpo ya fue), de golpe y porrazo vuelta a las fuentes. Basta de Woody Allen, las comedias de Sony y Los Hermanos Marx. Vuelta a Los Tres Chiflados, el pastelazo en la jeta y el culo como interjección. ¿No les digo? Como yo repaso el texto en voz alta y ella juega detrás de la compu, ya le siento venir la risa por lo que acaba de escuchar. Y como quiero terminar bien el día, y necesito que sus cristalitos me tintineen adentro del pecho, voy a terminar este texto como se debe. Antes del punto final voy a poner un carismático, imponente y cosquilloso culo.
| Romualda, Jueves 15 de Abril de 2004 |