Toc toc.
¿Quién es?
Yo, ¿Quién va a ser?
¿Y qué quiere?
Que me devuelva la azucarera.
¿Y por qué?
¿Cómo por qué? ¡Porque es mía!
Ah. Pero ¿qué hago con el azúcar?
Y yo qué sé. Póngala en el café.
¡Entonces necesitaría una olla de café!
Ah, no. La olla no se la presto hasta que no me devuelva la azucarera.
Si yo tengo el azúcar ¿para qué quiere la azucarera?
¡Porque soy el dueño, y si quiero le pongo adentro botones!
¡¿Le va a poner botones al café?! ¡Se puede atragantar!
¡¿Cómo le voy a poner botones al café?!
Ah no. Si le va a poner botones al café, no le devuelvo la azucarera.
Está bien. Yo los botones se los pongo al saco, usted guarda el azúcar en una zapatilla, y me devuelve la azucarera.
¡Me va a hacer cosquillas en los pies cuando camine!
No, le aseguro que no. Se lo digo yo.
¿Y quién es usted?
El dueño de la azucarera. ¿Me la devuelve, por favor?
(Y siempre una se ríe antes y la otra se duerme primero.)
| Romualda, Domingo 16 de Mayo de 2004 |