La continuidad de los pasos


Venía de hacer unos trámites en el banco cuando vi a mi nene parado frente a una vidriera.

No lo llamé, no me le acerqué, no crucé la calle. Me quedé a la distancia, sólo mirandolo moverse.

Y fue raro.

Le conozco los gestos desde que nació; con sólo verle la cara ya sé lo que le pasa.

Pero ahora su presencia tiene una carga propia. Algo familiar y a la vez extraño.

Camina por la vida ya no como el changuito al que llevaba de la mano, sino como el hombre que será, aún cuando su madre no esté.

Hoy me empecé a alejar del mundo en que vivirá mi hijo.