Las mil y una trompas


Cara Nº 1:
Cara de que recién me levanto. Facciones según cómo, cuándo y dónde (y cuando la vida era en blanco y negro, con quién). Es un registro amplio: cara de "Necesito por lo menos dos cafés", de "No, por favor, cinco minutitos más", o "después de anoche la vida suena distinto".

Cara Nº 2:
Cara después de desayunar y leer el diario. Es una mezcla de contener la risa, disimular un mal olor de alguien querido y afinar el oído porque parece que va a llover. Todavía la gente me ve y entiende que se me puede acercar. Pobre de ellos.

Cara Nº 3:
Cara cuando ya estoy en el mundo. Cara dura, durísima. Cara de Romu. Cara de "hay lugares más importantes donde no estar, y justo vengo a caer en éste". Rostro que despide vibraciones que abren caminos en medio de la multitud. Todos rajan.

Cara Nº 4:
Cara de "A mí no. A mí no, que me levanté temprano - pese a que me quedaban cinco minutitos más - para evitar que vengan a joderme". Si fuera una onomatopeya, esa cara sería un Grrr.

Cara número 5:
Cara de sorpresa inesperada. A veces pasa, a veces no. Cara de emoticón. :)

Cara número 6: Esa es exclusiva del nene. Le pongo la cara número seis y ya sabe de qué se trata. Tiene varias articulaciones, y un solo mensaje inconfundible: "Esta es la raya. No la pases. O mejor: pasala. Dale, pasala." Hubo una época en que esa cara no existía. Pero bueno. Los chicos crecen.

Cara número 7:
Como su propio nombre lo indica. Cara de tujes. ¿De qué más?

No pienso llegar a diez, che. Hagan de cuenta que tienen imaginación, y déjenla volar.

Igual hay una cara que está fuera de repertorio. Una cara que nadie conoce.

Sólo vos, que seguro estás leyendo esto.