Las razones de la calor


- Mirá tita Romu - la sobri se aprieta con los dos índices. - Tengo tetas.

Ningún hombre me hizo desvestir tan rápido como el calor de estos días. Y los que dicen que el cuerpo desnudo es bello, no vieron el espejo del baño de mi casa. Qué bochorno.

Lo único a favor es que aprovecho para jugar con la sobri. Como el único aire acondicionado está en mi pieza, nos quedamos las dos en calzones tiradas como ballena y mojarrita en medio de la cama, y charlamos como loras si no podemos dormir.

- ¿A ver? - hago como que las voy a medir y a último momento desvío las manos para las axilas en una cosquilla feroz. - Uy ¡Qué grandes!

- ¡No! ¡Las tuyas son grandes! - se ríe y se retuerce; se retuerce y se ríe. - Las mías son chiquitas porque no tengo novio. Las tuyas son grandes porque tenés novio.

- ¿Y quién te dijo a vos semejante barbaridad? - le doy pellizquitos por el pupo y la cintura - ¿Qué es eso de novios y macanas?

- Mi papá dice que tenés novio - se agarra las tetillas y salta sobre la cama.

- ¿Ah si, corazón? - mirá por dónde se pone interesante. - ¿Y qué más dice tu papi?

- Mi papá dice que necesitabas un novio y por suerte - así me lo recalca la mocosa, como subrayando las palabras - por suerte ahora tenés novio, porque necesitabas novio.

- Ahora te marco el número y lo invitás a comer a tu papi, mi vida - trato de recordar dónde quedó el martillo de las milanesas - así de paso viene y me cuenta más cosas sobre novios ¿verdad?

- ¡Sí! y yo también necesito novio para que las tetas se me pongan grandes como vos - me las tantea y aprieta como si fueran globos con agua. Las alza y las deja caer - Porque así voy a tener que usar corpiño.

Es increíble, pero el aire acondicionado se me convirtió en un ventilador más caro. No hay con qué darle a la temperatura.

- ¿Por qué los varones no tienen tetas, tita Romu?

- Porque tienen suerte.

La dejo de hacer jugar, a ver si logro que se duerma. Y de paso me duermo yo también.

- Yo tengo tetas y voy a usar un corpiño grande como el tuyo.

No hay nadie en la calle, ni las lagartijas. El motor del aire se queja en medio de un silencio espeso y amarillo.

- Bueno, pero ahora dormí un rato.

- Si me crecen las tetas despertame.

- Está bien, ahora date vuelta y cerrá los ojitos.

Le acaricio la espalda de arriba para abajo, cada vez más despacio, hasta que mi mano y su respiración llevan el mismo paso. Yo no creo que pueda, estoy demasiado pendiente de que me venga el sueño, como para que si aparece aterrice. A ver, Romu, relajate. Ommm. Ommm.


(Si le crecen las tetas, la dejo dormir)