No me gusta mirar las fotos viejas porque me empiezo a dar manija.
Ayer buscaba unos papeles para uno de esos trámites que ya te ponen de muy mala voluntad saber que tenés que hacerlos sí o sí, y de la nada me saltó el álbum de fotos, de cuando me daba por ordenar las fotos en albums.
Y siempre me pasa lo mismo: agarro cualquiera de las fotos y empiezo a imaginar y a hacerme mala sangre.
Por ejemplo: esa en la que estamos paradas en los cubos numerados de la pileta del club, antes de que empiecen los 25 metros. Mirá si esa chiquita esmirriada del cubo número tres hubiera seguido entrenando, se hubiera federado y le hubiera dado a la brazada en serio, y no cada muerte de obispo en el mar, alguna que otra vacación. ¿Adónde habría podido llegar? ¿Hubiera conservado una cintura razonable? ¿Habría desarrollado estas tetas?
O esta otra, en el baile de graduación: mirá si en vez de hacerle la contra a mi mamá, seguía afilando con el de bigotito, que al final estudió medicina, hoy es cirujano y vive en California. ¿Cómo sería vivir con guita en alguna casa de esas de película yanky? ¿En qué universidades estudiarían mis hijos?
Y esa que siempre aparece, la que menos quiero ver. ¿Qué hubiera pasado si no iba a ese asalto, no me lo presentaban, no me dejaba seducir, no iba ese fin de semana a la montaña, no me venía el atraso, no dejaba la universidad, no me esclavizaba por una eternidad, no terminaba sola en esta casa que se me viene encima?
A esa foto no la quiero ver porque está el nene de por medio. Y cualquier fantasía en otro sentido, empieza por borrarlo del mapa de mi existencia.
Y no es justo para él, porque es el gran amor de mi vida.
Pero tampoco es justo para mí.
¿Mirá si en otro momento de mi vida me hubiera encontrado un gran amor?
| Romualda, Viernes 08 de Abril de 2005 |