Lista - (1). Despejando el cielo


- Usted está segura, Romualda de lo que estamos haciendo - el chico de la pecé se ajusta los lentes y se rasca la nuca como si buscara petróleo. - Mire que si me agarran...

- Vos tranquilo, corazón - chequeo el número con el de la guía de Santiago - Al que te diga algo, decile que hable conmigo. Ahora repetí, te tiene que salir natural.

- Ay Romualda, las cosas que me hace hacer...

- Nene, si sale bien te dejo instalar en mi compu el linux y esas cosas con las que venís jodiendo de hace rato - Sí, el número coincide. - Te entrego el disco duro para que te hagas un festival, mirá. Ahora repasemos.

Parece que dije las palabras mágicas, porque le brillan los ojos.

- Bueno, pero conste que lo hago solamente por usted ¿eh?

- Sí, nene, dale. Repasemos.

El chico de la pecé lee con una convicción capaz de salvar al teatro independiente. Marco el número y le doy el teléfono.

- Señora, por favor no me corte y escuchemé hasta el final. ¡El nene es mío! Yo sé que su hija no está segura, pero yo sí ¡El nene es mío! ¡Convenzalá de que tenemos que casarnos cuanto antes! ¡Yo la amo, señora! ¡El hijo es mío!

El portero me baraja ni bien llego a la puerta del ascensor.

- ¿Se enteró, doña Romu de lo de la vecina nueva?

- ¿La que se acaba de mudar al lado de mi casa?

- Esa misma. Venga que le cuento.

Pobre chica. La ayudé a buscar una empresa de mudanzas de confianza, y le peleé el precio para que no la caguen. Lo puse al nene a que la ayude con los bolsos y hasta le presté un pañuelito; los chicos de ahora no usan, y después no tienen en qué secarse las lágrimas.

Y ya que estaba la aconsejé sobre la vida. Porque hay cada rata suelta que mejor ni hablar.