Ahora que se mudó una cantante al barrio, a mí también me dio por cantar.
Pero ojo: soy loca pero no tanto. Puse la tele en el living a un volumen subido, encendí la radio en la habitación del nene, y cerré herméticamente toda abertura de la casa.
Ahí sí: me metí en el baño y me largué a graznar, como cuando era joven, estaba buena y por eso todo se podía perdonar.
¡Qué liberador, por Dios! ¡Me había olvidado de lo lindo que es, y sobre todo cuando te corre agua por encima! Caían torrentes de la ducha, subía vapor desde la bañadera, los azulejos goteaban y y no hacía falta que te diga que me muero por tener algo contigo.
Me masajeaba el pelo despacito con champú y los ojos cerrados, sin darme cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amiga. Me pasaba la esponja por los hombros, la acercaba hasta mi boca, sin deseármela de una manera loca, me enjabonaba los muslos hasta arriba, me quedaban muy pocos caminos, y aunque pueda parecer un desatino seguía a voz en cuello y con el cogote estirado como una magdalena, chocha como chancha, feliz como lombriz.
Pero claro, necesitan controlar mi vida, saber quién me besa, quién me abriga, y empezaron a golpear la puerta del baño.
- ¡Mamá!, ¿Te pasa algo?
- ¡Ya no puedo continuar espiando tus llegadas día y noche adivinando!
Se metió a la pieza y apagó la radio. Yo cerré el agua, me envolví en la toalla y me armé el turbante en la cabeza. Salí nuevita, lisa, como recién empujada al mundo, y ronca como gato que tragó su propio pelo.
No me importa. Las cosas buenas ya sintigo las viví.
| Romualda, Jueves 19 de Mayo de 2005 |