Estaba hablando a lo de la pedicura para hacer una cita y va y se me liga el teléfono.
Y no se me ligó con uno de esos que llama y se te cuelga en medio de la charla. Se me apareció una segunda conversación en medio de la que yo estaba teniendo, en la que trataba de explicarle a la recepcionista que un jueves no es día para que te revisen un juanete que se te hincha un martes.
- Ernesto, no nos queda nada para hablar, no sé para que insistís - decía la mujer, y parece que decía por setentésima vez. - Colgá, Ernesto. Y por favor no llames más.
- Pero escuchame un poquito, a ver si te dejás de hacer la gansa real, que nos conocemos de hace mucho - insistía el tipo, como perro que se rasca contra la puerta. - Vos a mí no me tratás así, porque me estás debiendo no una, sino varias explicaciones, nena.
- Ufa, Ernesto, colgá que me reberberan las patas - tercié yo, un poco también por darme el gusto. - Colgá que seguro dan algún partido por la tele.
- ¿¿Cómo?? ¿Y usted quién es? - preguntó el tipo sumándole una planta alta a su embole. - ¡Cuelgue ya mismo que esta es una conversación privada!
- Si estás vos en la conversación, Ernesto, la conversación está privada de sentido, Ernesto - remaché, sorprendida de cuán rápido me estaba cayendo mal Ernesto. Estaba batiendo incluso mi propia marca - ¡Ernesssto!
- ¡Haceme el favor y cortá loca de mierda! - cortó camino Ernesto, convencido de que metés la palabra mierda y yo me doy por asustada.
- ¡Qué boquita, Ernesto! ¿Estaba ácido el último preservativo que te metiste entre los labios, nene? - doblé la apuesta yo, chocha y rechocha de que la vida me regalara semejante caramelo - ¡Tomatelás, Ernesssto!
- Perdonemé, señora, pero por favor cuelgue usted - asomó la palabra la mujer, que como buena infeliz disparó para el lado equivocado - Dejenós terminar la conversación.
- Vos te merecés un Ernesssto como éste, pedazo de pánfila - empecé a revolear para el otro costado - ¿No te das cuenta que me manda el destino para que le diga a Ernesssto cosas que a vos ni se te ocurrirían? Decime ¿a vos te criaron así o te arrancaron del vivero a destiempo?
- ¡¡¡Loca de mierda, te voy a reventar!!! - aullaba Ernesto con total ausencia de eufemismos - ¡Cortá ya mismo o voy a tu casa y te estampo contra la pared!
- ¡Ay, Ernesssto, vení, dame otra piña, que quiero saber qué se siente cuando te pega un zoquete engañado por el sodero, el repartidor de la farmacia y la hinchada del club de basquet!
- ¡No te permito, hija de puta! - gritó la mujer, que ya estamos viendo por qué quería seguir conversando con Ernesto - ¡Colgá ya mismo o llamo a alguien!
- ¡Sí, llamá a alguien que te esconda ese evatest, que en el cajón del velador te lo puede agarrar Ernesssto! - ¡Ay, dios, qué linda es la vida! - ¡Y le vas a tener que explicar cómo quedaste embarazada de un estéril!
- ¡Hija de puta! ¡Hija de puta! - se desgañitaba la mujer mientras el otro amenazaba con quemarme la casa. La verdad es que yo no colgaba, por el solo gusto de decir "Ernesssto". ¿Cuántas veces voy a poder acentuar así una consonante? - ¡Voy a averiguar quien sos y te voy a matarrr!
Al final me aburrí, les hice un ruido con la lengua y colgué. Volví a llamar a la pedicura, y me tenían preparado un turno para esa misma tarde, para ya, para dentro de un rato.
No hay caso: cuando es tu día, es tu día.
| Romualda, Martes 20 de Septiembre de 2005 |