Demasiado alargue para lágrimas


En mi casa están desterradas las telenovelas y todo intento del televisor de tenerte de rehén con el culo ensanchándose en la silla (la sobri se ríe). Así y todo una es débil, por ahí no te das cuenta, y casi sin proponértelo te vas dejando llevar.

Este último casi mes, con tal de tenerlo al nene en casa respirando el mismo aire y hasta conversando un poco y todo, no puse demasiada atención, y en menos de lo que pita un réferi, estaba como imantada al aparato, gritándole a una manga de tipos en pantalones cortos que corrían sin demasiado sentido de acá para allá.

Bah, gritando es un decir. Gritar es que la voz se te trepe a la tapia y diga lo suyo en mayúsculas y volumen alto. Cuando el cuerpo pide la palabra, ya la cosa no se puede llamar gritar.

Yo ruego al cielo que las cortinas hayan estado cerradas, ahora no estoy segura. Tiemblo ante la posibilidad de que algún desocupado de los edificios linderos me haya pescado justo cuando me levantaba y me dejaba caer en el sillón soltando un quejido de pollo que ve subir el precio de la carne. O cuando le hacía señas a la pantalla, de esas que a los marineros les dan verguenza. O cuando saltaba, incluida esa vez que me patiné y me fui de culo al suelo (La sobri se ríe otra vez).

Para peor con el correr de los días me fue subiendo una excitación como de quinceañera en plena fotosíntesis, y pese a que sigo firme en el zapallo y la sopa magra, estaba tan ancha que no cabía en mí.

Incluso hubo un día en que mi hermano se prendió y estábamos los cuatro en el living, como una foto de familia de propaganda de fotos. Yo puse las cosas en la mesita ratona para picar, la sobri daba saltitos, mi nene se comía las uñas, la ciudad afuera se paralizó, y después de un rato que se fue haciendo cada vez más largo, el tiempo hizo una cosa medio rara porque primero se estiró como chicle, después se cortó de golpe, cuando me quise dar cuenta mi nene se agarraba la cabeza, Polo puteaba en el balcón y mi sobrina se había tirado en mi cama llorando como una magdalena.

Yo mucho no recuerdo o no me quiero acordar - aunque ese día es difícil que me lo olvide - y estoy que casi que no distingo los colores de la bronca
Telellanto

Pero estoy pensando seriamente en suspender unos meses el cable a ver si se siente tan guapo el televisor pasando un poco de hambre. Y si no escarmenta, por ahí lo convierto en un terrario para criar hormigas. Para esparcimiento, ahí tengo una pila de revistas de esas que dejan los mormones.

O las sombras chinescas, que por lo menos no sufrís.