Al divino, divino botón


Ahora que de golpe tengo nada más que tiempo, como supe desear cuando no lo tenía y todo estaba bien de lo mal que estaba, la cabeza me bulle buscando lo qué hacer.

Es jodido, no lo sabía, pero se complica que se te ocurra algo cuando lo único que necesitas es que algo se te tenga que ocurrir. Y después hacerlo plata, claro está.

Alterno entre la contemplación de la vida desde el balcón, el sillón y la cama, y cambié la ducha por un buen baño de inversión. Lleno la bañadera e invierto en mi tranquilidad. O eso es lo que me cuento.

El problema es que es igual que cuando me levanto un domingo bien temprano. Si no tengo qué hacer me pongo a molestar.

En este caso al nene, que está tan al cuete como yo, porque esa facultad a la que va vive de paros. Así que lo senté a la computadora y me le ubiqué yo atrás a darle indicaciones. Chocho estaba, imagínense.

Le hice que me dibuje esas cosas tan lindas que él hace, según las indicaciones yo que le iba dando, cosa de imprimirlas así salgo a buscar inversor. O inversora. Porque dicen que inversores no hay.
pins

Si no consigo, ya veré cómo las hago y les coloco un alfiler de gancho o algo así. Y o las pongo en venta en internet o me voy a la feria de artesanos, qué se yo. Cualquier cosa con tal de que el día dure sólo 24 horas.

No puedo dormir ya menos tiempo. Y más temprano no me puedo despertar.