Un ocio re-creativo

Como habrán podido leer en la columna de la gorda tremendista, ¡tenemos por delante un montón de vacaciones! Ah, sí. A mi me gusta ver el lado lleno de la copa. Una de esas bien estilizadas. ¿Sabés lo flaquita que te reflejás en una de esas copas?

A mí esta cosa de que me manden un telegrama, la verdad es que mucho no me asusta. Si me mandan una encomienda, sí, porque viste las cosas que están pasando ¿no? Pero igual los guardias de la entrada del barrio no la dejarían pasar, así que no me hago tampoco demasiado problema.

Yo al trabajo ese además no lo voy a echar mucho en falta, salvo por el chusmerío con algunas, y cómo me envidiaban los zapatos las brujas de contabilidad. Pero nada más.

Yo sé que va a sonar medio chocante, pero plata con mi marido no nos faltó jamás, así que la cosa no vino nunca por ahí. Sí porque quedarme en casa supervisando al servicio doméstico al final es algo que te cansa, y entre gimnasio y spa ya el relax lo tenía cubierto.

Así que un día me presenté a una selección, me miraron (mucho), me tomaron, y empecé a trabajar. El primer sueldo lo tengo guardado al cheque en una cajita ¡ni lo cobré de la emoción! Ahí nos hicimos amigas con la gorda, y por comparación me hice una mujer independiente y segura de mí misma.

Así que ahora lo único que me tiene un poquito molesta es esto de tener que volver a casa a controlar personal en mi tiempo libre. Y a mí eso de andar pasando el dedo por encima de los muebles varias veces al día para que la empleada no se haga la viva, es algo que me termina por estresar.

Así que como para irme haciendo a la idea de cómo me tengo que enfrentar al nuevo desafío de estos tiempos por venir me compré algo de literatura y lo cargué a la cuenta de regalos empresarios del trabajo, y acá estoy, enterándome.
DraOslo

En cualquier momento la llamo a mi amiga y le pregunto cómo está disfrutando de este inesperado tiempo libre. ¡Seguro que algo interesante me va a sugerir!