Los bellos durmientes


Estaba desmalezando spam, cuando me encontré un comentario relativamente nuevo en un texto cuya fecha arqueológica data de hace más de dos años. Por ese entonces yo era una optimista de la tecnología, le metía juguetitos a la página y hasta tenía contador de visitas. Después me fui dando cuenta que el camino a la heladera está directamente relacionado con andar contando comentarios, así que de a poco me fui despreocupando, hasta que ya casi ni me importó. Ni la tecnología es lo mío, ni me gusta demasiado la palabra "blog".

Ufa, ya sé: ahora se me van a venir encima tachándome de arrogante. Y bueno: mala suerte.

Para mí los blogs son esas páginas que te cuentan en qué anda Google, están llenos de links recomendando cosas, suben videítos de youtube, o te cuelgan un tema de Luis Aguilé. Todo eso está más que bien, pero la verdad es que a mí no me interesa. Para el chusmerío ya están los programas de la tarde, con el devedé tengo más que suficiente, y el gusto musical es algo más personal que el talle de los calzones, así que para qué vamos a salir a afiliar.

Lo mío era un poco más peatonal: publicar el texto que me iba saliendo, y sanseacabó. Después me puse un poco pretenciosa, y ahí lo tengo al nene metiéndome un dibujo que adorne un poco. Pero no mucho más.

Bueno, que resulta que estaba matando las cucarachas esas que vienen en forma de propaganda de páginas porno, rolex bolivianos o títulos de universidades truchas, cuando me encontré con un comentario nuevo y real, en uno de mis textos más queridos.

"Para todos quienes no conocieron al tren, los invito a visitar mi sitio de los trenes que recorrieron el Norte Argentino y los que hoy corren hacia esos pagos." Así comenzaba y me picó la curiosidad. A continuación me pedía que visitara la página, "y alli encontrarán la historia con fotos del Estrella del Norte y de otros trenes como el Mixto o el Expreso Buenos Aires-Tucuman.".

De inmediato toqué el el enlace y me encontré con una especie de archivo dedicado a la historia de los trenes que anduvieron por esta zona, con fotos de los vagones y un minucioso relevamiento de un montón de estaciones que ya no son ni recuerdo.

Mi amiga Ginger moqueará cuando vea la foto de Ceres, la Barbie se maravillará con todo, Cristina buscará en las fotos algún señor de traje y supongo que Guillermo se sentirá complacido por la mención.

Pero a mí me había quedado algo haciendo mucho ruido, y mientras paseaba entre foto y foto, me di cuenta por qué. "Para todos quienes no conocieron al tren" comienza diciendo. "No conocieron al tren".

¡Estoy viviendo en un país en el que los chicos por ahí no van a conocer el tren! Les vas a hablar del traqueteo por vías que atravesaban los paisajes más diversos, y te van a mirar como si les contaras sobre el monstruo del Lago Ness.

Parece mentira: mi infancia transcurrió en un territorio llamado a grandes historias, como son aquellos que se recorren a lomo de tren. Vos hablás del Transiberiano, del Orient Express, de la Western Union y ya la misma resonancia de los nombres te envuelve la habitación en un cortinado épico. Grandes praderas o tundras infinitas, los relatos que valen la pena siempre tuvieron como vehículo al tren.

Seamos serios: ningún futuro que valga la pena desemboca en una terminal de ómnibus. No hay destino que sea apetecible si tenés que llegar en un transporte con un televisorcito empotrado, donde para que te duermas te ponen por enésima vez Kill Bill.

Así que me pasé la tarde embobada viendo fotografías de trenes, imponentes y ampulosos, como yo los conocí.
vagon

Le agradezco al coleccionista silencioso de estas historias destinadas a perderse, que se haya dado una vuelta por este cuaderno, y junto a palabras elogiosas haya dejado su link.

Yo los invito a que lo vean y lo disfruten. Tampoco se me va a caer una letra del apellido porque por una vez en su historia esta página se parezca a un blog.