Los reyes vagos


-¿Sabés de qué nos olvidamos, corazón?

La sobri se queda rumiando del otro lado del teléfono.

- ¿De tomar un helado?

- ¡De ir a la plaza a buscar pasto para los camellos!

- ¡Ahhhh! - Todavía puedo sorprenderla. Aunque con cada estirón que pega se me escape un poco más, me siguen quedando recursos en la baulera. - Pero no importa, tita Romu.

- ¿Cómo que no importa? - No voy a permitir que una mocosa me sorprenda - ¿Y si a los camellos les agarra el hambre súbito, se van rápido a otra casa y los reyes no tienen tiempo de descargarte los regalos?

- Es que comen comida para perros.

Me quedo muda. No tanto porque el camello sea el mejor amigo del hombre, sino por otras cosas que tienen peor olor.

- ¿Quién te dijo eso, corazón?

- Mi papi - se escucha clarito la corrida y una puerta que se cierra. - Mi papi me dijo que los camellos comen la misma comida que mi perro Campeón, así que vas a tener que comprar comida para perros.

- Llamámelo a tu papi, mi vida - me suben los colores. - necesito hablar unas palabritas con él.

Pego bien la oreja al auricular y escucho un diálogo medio asordinado a través de una puerta. La sobri vuelve.

- Dice que no puede ahora porque le acaba de agarrar gripe y cuando se mejore te llama.

- No hace falta, mi vida - de repente me vino una tremenda necesidad de ducha fría. - Avisale que hoy mismo paso por ahí.

- ¡Pero no te olvides de comprar comida para perros!
camellos

- ¡No pienso comprar comida para perros para unos camellos que caen una sola vez al año a cenar!

- ¡Lo que te sobre me lo das a mí, para que le dé a Campeón!

Cuento hasta veintisiete, le dejo un beso grande y cuelgo el teléfono. Agarro un par de ojotas de cuando me viene a visitar y le acomodo el pasto a un costado y una olla con agua al otro, Después distribuyo diarios desde la entrada de la casa hasta la puerta de la pieza. El año pasado no tomé precauciones y estuve como una semana para borrar las marcas de pezuñas del parquet.