- ¿Es o no es lindo?
Clarita se adelanta y prueba con las tropecientas llaves que tiene el llavero. Bah, llavero. Un aro de alambre con más llaves que las de alcatraz. Yo espero atrás, porque ya me la veo venir. Siempre que buscás una llave que no conocés, resulta ser la última, y ya me veo pateando la puerta y la verdad, no da.
- Ah, ésta es.
La llave resulta ser la quinta, menos mal. La puerta se abre lamentándose de que no la aceitan desde hace una eternidad, y nosotras entramos a lo desconocido.
- No está mal, gorda ¿no?
El local tiene más telarañas que una película de Spiderman y un olor a cerrado que parece la Argentina. Un foco no vendría mal: hasta un país del este tiene más iluminación, Pero en fin, ya se verá.
- He visto cosas peores, Clari. Ayer sin ir más lejos me pesé, así que ya no me sorprende nada.
- ¡Ay, gorda, ponéle un poco de onda! - abre Clarita la puerta que da a un patio interior. La luz entra de golpe, aplasta el ambiente con un cono lleno de polvo luminoso. - ¡Miralo con un poco de cariño que acá está nuestro futuro!
El patio es amplio, sí. Tiene unas baldosas con dibujos como las de la casa de mi abuela, pero un poco maltratadas. Hay una vegetación contra las paredes que parece aterrizada del amazonas. Va a tener que pasar Atila por lo menos para dejarlo un poco presentable.
-¿Y? - Clarita se pasea nerviosa por el salón. Bah, salón. Bueno, sí. Digamos salón. Pongámosle "un poco de onda" y tratémoslo de salón. - La zona es óptima, el precio es bueno, la casa es amplia ¡Decí algo, caramba!
- No tengo palabras, Clari - Me adentro y pego una relojeada general. El techo tiene unos vigones de madera que podrían no venirse abajo. Con un poco de lija, quién te dice. - Tampoco tengo ganas de limpiar, te voy avisando.
- Yo te voy a ayudar. Y Lucio y la Leti también.
Cierro la puerta del patio y volvemos a quedar en penumbras.
- No, nena. Nadie "me va a ayudar" - Los pasos resuentan como cascos de caballo. Me acabo de dar cuenta de que el piso es de parquet. No está mal. Nada mal. - Si nos metemos en ésta nos metemos todos por igual. Acá nadie "ayuda" a nadie ¿estamos?
- Ufa, gorda - resopla Clarita mientras abre la puerta y entra el ruido de la calle. - parecés una celadora de colegio.


- Sí, no está mal.
- ¿Entonces le metemos?
Nos miramos como dos adolescentes a punto de hacer una travesura.
- Y bueno, nos metamos.
-¡Ay, lo llamo al de la inmobiliaria y crucemos los dedos! - marca Clarita en el celular, de camino al auto.
- Vos cruzarás los dedos, nena. Yo hasta las tetas voy a cruzar.
Mientras Clarita combina con el de la inmobiliaria, abro la ventanilla y pego una bocanada de aire de esas de final de maratón. Ya estoy vieja para estos trotes. ¿Será por eso el cosquilleo en las plantas de los pies?
| Romualda, Lunes 30 de Abril de 2007 |