Historias sin fin


- Contame de nuevo la historia, Tita.

- ¡Te la acabo de contar!

- No importa ¡contámela de nuevo! – se ríe la mocosa sentada a los pies de mi cama. Yo me quiero reir, pero toso y la cara se me pone como una sandía del lado de adentro.

- Sí, reíte. La última vez que tuve una gripe como ésta, fue gracias a vos.

Le digo reíte y se ríe. Si no le digo nada se ríe igual. Me cayó de visita con una uña pintada de negro, una uña pintada de rojo, una uña pintada de negro, una uña pintada de rojo y una uña pintada de negro. La otra mano igual, pero al revés: arrancando por el rojo. Dice que es dark porque le gusta el color negro, pero que por el verano lo va a suspender para no matarse de calor. La adolescencia la está tentando con una precocidad que me lastima. Al menos sigue siendo una nena a la hora de los cuentos de la tía.

- Te había traído a pasar el fin de semana y tosías un poquito nomás. Yo te dí un beso, el nene te dio otro, y caímos los dos de culo en cama.

Se ríe con la palabra mágica. Debajo del maquillaje que se puso – tengo que hablar urgente con la madre; el pavo de mi hermano es claro que no tiene arreglo – sigue teniendo la edad de la risa clara y la mirada grande y sin nubes en el cielo.

- Y yo, mitad desmayada y mitad muerta me preguntaba como una enanita así de microscópica podía cargar adentro semejante virus, qué digo virus ¡un elefante era la gripe esa! ¡No nos pudimos levantar durante todo el fin de semana de la cama!

Se ríe a carcajada limpia.

- ¡Contámela de nuevo!

- ¡Pero si te la acabo de contar otra vez!

- ¡Otra vez, otra vez! - No para de reírse y me tienta a mí, que toso. Por Dios, por Dios. Andáte gripe de una vez y sacame la risa de abajo de este ruido de tractor roto.
pichicata

- Te traje a pasar unos días, y como eras una cosita tan chiquitita y tan linda, que con el nene te comimos a besos ¡y la gripe nos tiró de culo dos días seguidos!

Se ríe, aplaude y me hace temblar la cama, el universo y el Titanic que tengo adentro de la cabeza.

- Eras chiquita, sí, ¡pero como una granada! ¡semejante florcita con tamaño veneno!

- ¡Otra vez! ¡contámela de nuevo!

Se ríe y toso. Ya es una rutina y funciona aceitada. Apenas me recupere salimos por los barrios, las dos bien dark, vestidas de negro. Pero antes del verano, para que el calor no nos tire de culo. Me lee la mente y se ríe. Yo toso.