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    <title>La Estrella del Norte</title>
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    <updated>2008-07-29T19:53:48Z</updated>
    
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    <title>Enfermedad, divino tesoro</title>
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    <published>2008-07-29T19:33:10Z</published>
    <updated>2008-07-29T19:53:48Z</updated>
    
    <summary>La gripe me hizo
perder peso a lo
pavote.

¡Que viva la gripe!</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
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        <![CDATA[<p>La gripe me hizo<br />
perder peso a lo<br />
pavote.<br />
<p><br />
¡Que viva la gripe!</p>]]>
        <![CDATA[<p>La gripe me hizo<br />
perder peso a lo<br />
pavote.<br />
<p><br />
¡Que viva la gripe!</p>]]>
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    <title>Historias sin fin</title>
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    <published>2008-07-27T22:19:44Z</published>
    <updated>2008-07-28T16:03:06Z</updated>
    
    <summary>- Contame de nuevo la historia, Tita.

- ¡Te la acabo de contar!

- No importa ¡contámela de nuevo! – se ríe la mocosa sentada a los pies de mi cama. Yo me quiero reir, pero toso y la cara se me pone como una sandía del lado de adentro.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Cuore" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>- Contame de nuevo la historia, Tita.</p>

<p>- ¡Te la acabo de contar!</p>

<p>- No importa ¡contámela de nuevo! – se ríe la mocosa sentada a los pies de mi cama. Yo me quiero reir, pero toso y la cara se me pone como una sandía del lado de adentro.<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>- Contame de nuevo la historia, Tita.</p>

<p>- ¡Te la acabo de contar!</p>

<p>- No importa ¡contámela de nuevo! – se ríe la mocosa sentada a los pies de mi cama. Yo me quiero reir, pero toso y la cara se me pone como una sandía del lado de adentro.</p>

<p>- Sí, reíte. La última vez que tuve una gripe como ésta, fue gracias a vos.</p>

<p>Le digo reíte y se ríe. Si no le digo nada se ríe igual. Me cayó de visita con una uña pintada de negro, una uña pintada de rojo, una uña pintada de negro, una uña pintada de rojo y una uña pintada de negro. La otra mano igual, pero al revés: arrancando por el rojo. Dice que es dark porque le gusta el color negro, pero que por el verano lo va a suspender para no matarse de calor. La adolescencia la está tentando con una precocidad que me lastima. Al menos sigue siendo una nena a la hora de los cuentos de la tía.</p>

<p>- Te había traído a pasar el fin de semana y tosías un poquito nomás. Yo te dí un beso, el nene te dio otro, y caímos los dos de culo en cama.</p>

<p>Se ríe con <a href="http://laestrella.elerlich.com/2004/04/virtudes_terapeuticas_de_la_pa.php" target="_blank">la palabra mágica</a>.  Debajo del maquillaje que se puso – tengo que hablar urgente con la madre; el pavo de mi hermano es claro que no tiene arreglo – sigue teniendo la edad de la risa clara y la mirada grande y sin nubes en el cielo.</p>

<p>- Y yo, mitad desmayada y mitad muerta me preguntaba como una enanita así de microscópica podía cargar adentro semejante virus, qué digo virus ¡un elefante era la gripe esa! ¡No nos pudimos levantar durante todo el fin de semana de la cama!</p>

<p>Se ríe a carcajada limpia.</p>

<p>- ¡Contámela de nuevo!</p>

<p>- ¡Pero si te la acabo de contar otra vez!</p>

<div class="conversation" id="1">
- ¡Otra vez, otra vez! - No para de reírse y me tienta a mí, que toso. Por Dios, por Dios. Andáte gripe de una vez y <a href="#" class="new-comments" onclick="Conversation.toggle(event, '1')">sacame la risa de abajo de este ruido de tractor roto.<img src="../../ajax/comments-show.png" border="0"></a>
<div class="comments"><center><img src="http://farm4.static.flickr.com/3046/2708096366_3033d6e70a_o.jpg" width="490" height="302" alt="pichicata" /></center></div></div>

<p>- Te traje a pasar unos días, y como eras una cosita tan chiquitita y tan linda, que con el nene te comimos a besos ¡y la gripe nos tiró de culo dos días seguidos!</p>

<p>Se ríe, aplaude y me hace temblar la cama, el universo y el Titanic que tengo adentro de la cabeza.</p>

<p>- Eras chiquita, sí, ¡pero como una granada! ¡semejante florcita con tamaño veneno!</p>

<p>- ¡Otra vez! ¡contámela de nuevo!</p>

<p>Se ríe y toso. Ya es una rutina y funciona aceitada. Apenas me recupere salimos por los barrios, las dos bien dark, vestidas de negro. Pero antes del verano, para que el calor no nos tire de culo. Me lee la mente y se ríe. Yo toso.</p>]]>
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    <title>Las cartas sobre la mesa de un bar</title>
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    <published>2008-06-09T00:55:09Z</published>
    <updated>2008-06-09T05:56:01Z</updated>
    
    <summary>Llegué a las seis a la esquina de Perigardé y no había nadie. Estuve un buen rato parada en la esquina juntando presión y por no pasar no pasaba ni el tiempo. Me crucé a un bar que hay en diagonal y me senté en la mesa de la ventana. Cuando apareciera el coso éste de las cartas me iba a escuchar un par de razones por las cuales no se deja a una mujer plantada.

Así me lo dije: &quot;a una mujer&quot;. No &quot;a una señora&quot;. A una mujer. Y también me dije: &quot;Ay, Romita, que jodida que estás&quot;.


</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Cuore" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>Llegué a las seis a <a href="http://laestrella.elerlich.com/2005/07/almacen_de_los_pasos_perdidos.php" target="_blank">la esquina de <i>Perigardé</i></a> y no había nadie. Estuve un buen rato parada juntando presión y por no pasar no pasaba ni el tiempo. Me crucé a un bar que hay en diagonal y me senté en la mesa de la ventana. Cuando apareciera el coso éste de las cartas me iba a escuchar un par de razones por las cuales no se deja a una mujer plantada.</p>

<p>Así me lo dije: <i>"a una mujer"</i>. No <i>"a una señora"</i>. A una mujer. Y también me dije: <i>"Ay, Romita, que jodida que estás"</i>.</p>]]>
        <![CDATA[<p><div class="textito">En el capítulo <a href="http://laestrella.elerlich.com/2006/12/cigarro.php" target="_blank"><b>Cartas que no han sido echadas</b></a> sucedió suscintamente lo siguiente:

<p><i>- Buenas, ¿usted es la que corrige textos?<br />
- Depende ¿usted es de la RAE?<br />
- No, mire: a mí una amiga me dio su teléfono porque dice que usted le mejoró unos escritos y la hizo quedar muy bien en su trabajo. Me gustaría encontrarme con usted, porque tengo unas cartas que necesito que me mire. Cartas de correo. Necesito que les eche una ojeada antes de mandarlas. ¿Puede ser? ¿Le parece a eso de las seis de la tarde en Perigardé?<br />
- A las seis en Perigardé.</i></p>

<p>A continuación, el desenlace. (En cualquier momento me contrata la FOX)</div><br />
<img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p>Llegué a las seis a <a href="http://laestrella.elerlich.com/2005/07/almacen_de_los_pasos_perdidos.php" target="_blank">la esquina de <i>Perigardé</i></a> y no había nadie. Estuve un buen rato parada juntando presión y por no pasar no pasaba ni el tiempo. Me crucé a un bar que hay en diagonal y me senté en la mesa de la ventana. Cuando apareciera el coso éste de las cartas me iba a escuchar un par de razones por las cuales no se deja a una mujer plantada.</p>

<p>Así me lo dije: <i>"a una mujer"</i>. No <i>"a una señora"</i>. A una mujer. Y también me dije: <i>"Ay, Romita, que jodida que estás"</i>.</p>

<p>En lo que me di vuelta para llamar al mozo - que también brillaba por su ausencia - sentí un ruido en la silla de enfrente. </p>

<p>- Perdone la tardanza, le pido mil disculpas - la voz salía de la misma profundidad que en el teléfono, pero la cara se le había quedado unos cuantos años atrás. - El taxista se metió mal y me dejó en cualquier parte.</p>

<p>Me quedé muda, y ya es decir. Enfrente tenía un chico un poco más grande que mi hijo, algo más alto y con la misma turbación que un pavo cuando ve que se acercan las fiestas.</p>

<p>- Nene ¿vos sos el de las cartas para corregir? </p>

<p>Se acomodó los lentes, y en lo que se acomodó los lentes se le cayó la campera del respaldo de la silla. Se agachó rápido a recoger la campera y se le vino abajo la mochila. De tan desastroso ya era una ternura.</p>

<p>- Deje, deje - me atajó cuando hice el gesto de ayudarlo a acomodar las cosas. - Gracias, pero no se moleste. Me pasa a cada rato; ya tengo anticuerpos.</p>

<p>Llamó al mozo y pidió un cortado. Me señaló y dijo " y para ella..." dejándome abierta la frase para que yo la completara. Dijo <i>"para ella"</i>, no <i>"para la señora"</i>, y yo me dije <i>"Romualda, estás demente".</i> Después sacó de la mochila una carpeta de esas de manila, con elásticos en las puntas, la apoyó sobre la mesa, apoyó los brazos encima y cerró las manos con fuerza, como para que no se la quitara.</p>

<p>- Pero a ver -me crucé de brazos y de entrecejo - ¿Me vas a hacer venir hasta acá para empezar con la pavada?</p>

<p>- Yo sé que es una estupidez pero me da verguenza - y lo dijo rapidito y de corrido como si fuera una contraseña o una sentencia. </p>

<p>Estuvimos un buen rato así, como midiéndonos. Yo tratando de fulminarlo con la <a href="http://laestrella.elerlich.com/2004/09/las_mil_y_una_trompas.php" target="_blank">mirada número 4</a> y él aferrado a sus palabras secretas.</p>

<p>- Está bien - exhaló mientras tiraba la toalla. - Tome y opine lo que quiera. Pero si te reís te juro que me levanto y me voy.</p>

<p>No esperaba que se me acercase en medio de una frase. Tome y opine; <i>"si te reís"</i>. No <i>"Si se ríe"</i>. Si te reís. ¡No te rías, Romualda y dejá de transpirar!</p>

<p>Agarré la carpeta con el respeto que merecía el tuteo arrebatado de un jovencito iracundo, tratando de esconder que me temblaba la nuca desde la punta de los dedos. Adentro había un block de papel de carta de esos que usaban mis padres y varios sobres de hilo. En ambos casos los textos bordados a pluma y una caligrafía arrancada a horas de dedicación. Agarré la primera y empecé a leer.</p>

<p>Eran cartas de amor.</p>

<div class="conversation" id="1">
Ojo: no hablo de la cursilería esa que te patea el hígado desde un poster o un libro para el verano. No. Eran esas cosas que una no puede escribir cuando es muy joven porque le sobran palabras y le falta espesor a su vida, y cuando ya estás en condiciones no tenés ni ganas y al lenguaje al que tenés que acudir lo sentís tonto. Acá estaba todo junto, en el punto de caramelo, como si este muchacho se hubiera traído la sensibilidad de su adolescencia en una máquina del tiempo y la hubiera deslizado como un guante en <a href="#" class="new-comments" onclick="Conversation.toggle(event, '1')">un corazón envejecido.<img src="../../ajax/comments-show.png" border="0"></a>
<div class="comments"><center><img src="http://farm4.static.flickr.com/3042/2512000767_ee97a3523a_o.jpg" width="490" height="455" alt="Tonto corazón" /></center></div></div>

<p>La tarde se achicó o se retiró sin hacer ruido, no lo sé. Cuando levanté la vista del último de los borradores tenía el cuello endurecido, los ojos como con mucha lubricación y la boca con menos palabras que ganas de decirle algo.</p>

<p>- Son preciosas.</p>

<p>- Son una porquería. Así como están no se las puedo mandar. Voy a quedar como un estúpido.</p>

<p>Tenía el cuerpo duro y contraído sobre la mesa y le temblaban las pupilas como a un dibujo animado japonés. Me daban muchas ganas de abrazarlo y lo hubiera hecho en ese bar de una sola mesa ocupada, si no me hubiera dado tanto miedo abrazarlo ahí, en ese lugar donde estábamos solos y un hombrecito me habia tuteado con tanto desparpajo.</p>

<p>- Vos sos la que decís que hombres no hay ¿no?  - me leyó la mente desde el subsuelo de su tristeza. - Sí, no hace falta que me mires así: buscando cómo contactarte encontré tu página. </p>

<p>Al fondo del bar el encargado empezó a acomodar las sillas sobre las mesas. Afuera, la noche daba sus primeros bostezos.</p>

<p>- Bueno, corregime los textos y haceme quedar bien - En ese momento nuestras miradas se cruzaron y tomé una decisión que todavía no sabía que estaba tomando. - Como si yo fuera uno de esos hombres que no hay.</p>

<p>- No sabés lo que me estás diciendo - murmuré ni siquiera para mí, mientras hacía señas al mozo, aún sabiendo que no me iban a dejar pagar.</p>

<p>Efectivamente, no me dejó pagar. Salimos a la brisa de la noche y comenzamos a caminar por una zona que la ciudad había abandonado a los recuerdos. </p>

<p>- ¿Me vas a ayudar?</p>

<p>Sin siquiera ponernos de acuerdo empezamos a caminar para el mismo lado.</p>

<p>- Primero me contás sobre vos - me acomodé el pelo como si no me lo acomodara y reduje el paso al ritmo de sus pisadas, tratando de que no se diera cuenta. - Siempre quise conocer a un caballero.</p>]]>
    </content>
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    <title>Sueños de locomoción</title>
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    <published>2008-04-03T15:40:42Z</published>
    <updated>2008-04-04T17:20:52Z</updated>
    
    <summary>- Y no me acuerdo qué más - me revuelvo en el sillón. Es increible cómo encogen en estos últimos tiempos. - Pero el sueño terminaba con la araña del comedor llena de lapiceras colgando.

- ¿Y eso qué le dice a usted, Romualda? - pregunta el doctor Robinson la mar de inquisitivo.

- Que pierdo muchas lapiceras - ¿me pinté las uñas antes de salir esta mañana? no recuerdo. - Compro de a dos, pierdo de a dos.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Esclavitud" />
    
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        <![CDATA[<p>- Y no me acuerdo qué más - me revuelvo en el sillón. Es increible cómo encogen en estos últimos tiempos. - Pero el sueño terminaba con la araña del comedor llena de lapiceras colgando.</p>

<p>- ¿Y eso qué le dice a usted, Romualda? - pregunta el <a href="http://laestrella.elerlich.com/2004/09/mortadela_bocha_y_frasco_con_b.php" target="_blank">doctor Robinson</a> la mar de inquisitivo.</p>

<p>- Que pierdo muchas lapiceras - ¿me pinté las uñas antes de salir esta mañana? no recuerdo. - Compro de a dos, pierdo de a dos.</p>]]>
        <![CDATA[<p>- Y no me acuerdo qué más - me revuelvo en el sillón. Es increible cómo encogen en estos últimos tiempos. - Pero el sueño terminaba con la araña del comedor llena de lapiceras colgando.</p>

<p>- ¿Y eso qué le dice a usted, Romualda? - pregunta el <a href="http://laestrella.elerlich.com/2004/09/mortadela_bocha_y_frasco_con_b.php" target="_blank">doctor Robinson</a> la mar de inquisitivo.</p>

<p>- Que pierdo muchas lapiceras - ¿me pinté las uñas antes de salir esta mañana? no recuerdo. - Compro de a dos, pierdo de a dos.</p>

<p>- ¿ Y la araña del comedor?</p>

<p>- Bien, gracias, pero si no le desenrosco un par de focos, la boleta de la luz me come viva.</p>

<p>El doctor Robinson cruza los dedos, apoya las manos en la punta de la nariz, frunce el entrecejo y entrecierra los ojos como para salir en la foto del "<i>analista del mes"</i>. Hace silencio y me mira mientras el tiempo de la sesión se va para no volver. Listo: seguro que le dedican la tapa de la revista y todo.</p>

<p>- ¿Y, doc? - no, no recuerdo haberme siquiera pasado el quitaesmaltes. - ¿No me va a preguntar nada?</p>

<p>- ¿Qué pregunta está esperando que le haga, Romualda? </p>

<p>- No sé, doctor - las paredes del consultorio tienen reproducciones de unos cuadros que mamita querida. De esos que te preguntan <i>"¿Qué cree usted que quiero decir, Romualda?"</i> - Por qué no me canso de pagarle a usted para que las preguntas las termine haciendo yo, por ejemplo.</p>

<p>- ¿Y usted qué cree, Romualda? - El doctor Robinson da vuelta la hoja de su anotador y escribe un par de palabras con su lapicera de pluma. cómo me gustaría ser mosca para leer lo que puso, pero más que nada para volarle alrededor de la nariz - ¿Por qué no se hace ese cuestionamiento?</p>

<p>- Porque hoy es un día especial, doctor. </p>

<p>Yo no sé los consultorios de otros psicoanalistas, pero éste es una mezcla de rectoría de colegio pago, con sala de espera al limbo. Una cosa que se supone que sea neutra, pero ya se sabe que la neutralidad es la madre del aburrimiento, así que yo cada vez que entro bostezo y se me traba la cervical.</p>

<p>- ¿Sí? A ver, cuénteme.</p>

<p>El doctor Robinson se pone en posición de largada, apresta la mano con la pluma sobre el anotador y me mira como esperando la revelación que le permita un artículo para la revista de la que ya es tapa.</p>

<p>- Nada del otro mundo, doc. Me compré un auto.</p>

<p>- ¡Pero Romualda, la felicito! - se le ponen los ojos Simpson - ¡Como que nada del otro mundo! ¡Ese es un logro importante!</p>

<p>- Sí... no sé.</p>

<p>Hasta el silencio que se hace de tanto en tanto en esta habitación es una cosa medio rara. Como un animal incómodo que te empuja a no sabés dónde. Algo que si uno pudiera identificar dónde se esconde, lo bajarías de un castañazo.</p>

<p>- Es que con esto de poner <a href="http://laestrella.elerlich.com/2007/04/bisagras.php" target="_blank">el emprendimiento</a> con mi <a href="http://laestrella.elerlich.com/clarita/" taeget="_blank">socia</a>, estuve revisando mi historia - lo miro: el muy zorro empieza a anotar - y sobre todo mis cuentas.</p>

<p>El doctor Robinson para de escribir y no me mira.</p>

<p>- Y estuve haciendo cálculos, doctor - me acomodo en el sillón, cómoda casi que por primera vez. - Hice memoria y balance de cada una de las dos veces por semana que lo vengo viendo desde hace ya ni me acuerdo cuántos talles.</p>

<p>El tipo hace como que anota, pero me juego la cabeza a que está dibujando barquitos o cosas así, que lo lleven lejos de la conversación.</p>

<p>- Y entre pitos y flautas, "a usted qué le parece" y "cómo lo ve Romualda", con esta sesión estaría terminando de pagar la última cuota de un auto nuevo.</p>

<p>Se da vuelta como para empezar a hablar, pero lo atajo con <a href="http://laestrella.elerlich.com/2004/09/las_mil_y_una_trompas.php" target="_blank">la mirada número seis</a>.</p>

<p>- Déjeme terminar, que para hablar es que se inventaron estas horas raras suyas de cincuenta minutos.</p>

<p>Se encoge en el sillón, de golpe desarmado.</p>

<p>- Y no será gran cosa este autito nuevo, pero chico y todo sería rojo, poco ruidoso, confiable, y hasta me llevaría de paseo al pie del cerro.</p>

<div class="conversation" id="1">
Vuelve a sumergirse en el anotador, seguramente llevando su barquito a un puerto seguro, a un país lejano donde los lugareños no hayan oído jamás hablar de los  <a href="#" class="new-comments" onclick="Conversation.toggle(event, '1')">reducidores de cabeza.<img src="../../ajax/comments-show.png" border="0"></a>
<div class="comments"><center><img src="http://farm3.static.flickr.com/2337/2385442868_3c4f68ae5c_o.jpg" width="490" height="563" border="0" alt="Dóctor Froid"/></center></div></div>

<p>- Yo me imagino sentada al volante de ese autito, doctor, con la ventanilla baja, escuchando algún cedé armado por <a href="http://laestrella.elerlich.com/2005/10/las_puertas_de_la_noche.php" target="_blank">mi nene</a>, el viento que me despeina y no me importa, y llegando al pie del cerro o a los bares de la zona verde.</p>

<p>Los habitantes del pueblo del anotador no tardan en descubir las verdaderas intenciones del doctor Robinson, y no pasa demasiado tiempo hasta que deba huir a las montañas casi que con lo puesto. Yo lo miro desde el auto y lo saludo con una sonrisa de oreja a oreja.</p>

<p>- Y sobre todo, doc, me llevara donde me llevara ese autito, estoy seguro que siempre iba a ser más lejos que este sillón, que ni siquiera termina de acostumbrarse a que las personas cambian y las formas del cuerpo se vuelven contundentes.</p>

<p>Me mira con unos ojitos de chico abandonado por la madre en su primer día de colegio y suspira desde lo hondo de la caverna en la supone que los lugareños del anotador no van a encontrarlo.</p>

<p>- Gracias por la escucha, doctor, y por las pastillas para dormir - me levanto y le extiendo la mano. - Pero no hay caramelo medicinal que te devuelva el tiempo perdido. </p>

<p>Salgo a la calle para ver cómo las nubes se despejan y la lluvia de estos últimos días cesa.  Respiro una bocanada grande, una que no me entre en el pecho, que ya de por sí es importante. Y así, soltando de a poquito ese aire desconocido me encamino hacia la zona comercial. Necesito un par de lapiceras y un esmalte de uñas nuevo. Alguno de un color que nunca haya tenido.</p>]]>
    </content>
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    <title>Happy essen to you</title>
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    <published>2008-03-26T14:00:12Z</published>
    <updated>2008-03-26T14:03:51Z</updated>
    
    <summary>Sonaban las cacerolas
en la tele y me acordé:
en estos días el blog
cumplió 4 años. ¡Cabecita
de novia!</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>Sonaban las cacerolas<br />
en la tele y me acordé:<br />
en estos días el blog<br />
cumplió 4 años. ¡Cabecita<br />
de novia!</p>]]>
        <![CDATA[<p>Sonaban las cacerolas<br />
en la tele y me acordé:<br />
en estos días el blog<br />
cumplió años. ¡Cabecita<br />
de novia!</p>]]>
    </content>
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    <title>Volando bajo el radar</title>
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    <link rel="service.edit" type="application/atom+xml" href="http://www.elerlich.com/cgi-bin/mt-atom.cgi/weblog/blog_id=3/entry_id=1318" title="Volando bajo el radar" />
    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2008://3.1318</id>
    
    <published>2008-03-25T23:33:11Z</published>
    <updated>2008-03-26T01:08:46Z</updated>
    
    <summary>Anoche estaba haciendo insomnio y se me ocurrió con la misma energía y actitud podía hacer algo productivo, como zapping. En lo que el dedo me entró en piloto automático, de golpe solito paró en una película de guerra. Era de la segunda guerra mundial, en blanco y negro y había más tiroteo que en un baile de carnaval de las buenas épocas. &quot;Con ésta me duermo seguro&quot;, me dije y me arrebujé entre las colchas. Ah, sí: siempre quise escribir la palabra arrebujar.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Cuore" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>Anoche estaba haciendo insomnio y se me ocurrió que con la misma energía y actitud podía hacer algo productivo, como zapping. En lo que el dedo me entró en piloto automático, de golpe solito paró en una película de guerra. Era de la segunda guerra mundial, en blanco y negro y había más tiroteo que en un baile de carnaval de las buenas épocas. <i>"Con ésta me duermo seguro"</i>, me dije y me arrebujé entre las sábanas. Ah, sí: siempre quise escribir la palabra arrebujar.</p>]]>
        <![CDATA[<div align="right"><i>Para Ginger<br> 
y la memoria de su mamá</i></div>

<p>Anoche estaba haciendo insomnio y se me ocurrió que con la misma energía y actitud podía hacer algo productivo, como zapping. En lo que el dedo me entró en piloto automático, de golpe solito paró en una película de guerra. Era de la segunda guerra mundial, en blanco y negro y había más tiroteo que en un baile de carnaval de las buenas épocas. <i>"Con ésta me duermo seguro"</i>, me dije y me arrebujé entre las sábanas. Ah, sí: siempre quise escribir la palabra arrebujar.</p>

<p>A mí antes me dormían las reuniones sociales, después la calor y ahora ya ni puedo terminar un programa cualquiera sin que me venza el sueño. En este caso los japoneses doblados al portorriqueño me hicieron acordar a las matinés en la casa de mi abuela. </p>

<p>A las cuatro de la tarde arrancaba por la tele una película de tiros o de amor - cuando no una de Sandrini - y al rato nomás pasaba el heladero. Yo la sentaba a mi abuela y le proponía jugar al chinchón. Después, como quien no quiere la cosa prendía el aparato. Mi abuela terminaba por engancharse, y cuando del otro lado de la celosía gritaban <i>"¡hay palito vasito bombón heladóoo!"</i>, casi siempre la cosa terminaba en <i>"Romita, andá y comprá dos. Y que sean en vasito, para que no se chorren</i>".</p>

<p>Con el sabor del mixto de frutilla y chocolate en la memoria, yo escuchaba tronar las metralletas de los americanos en algún lugar de un océano pacífico en blanco y negro y me iba cayendo en un pozo profundo, donde la pantalla se oscurecía y las balas cada vez eran menos. En ese lugar yo miraba para abajo y veía las luces de la ciudad, y más adelante las del cerro. El capitán del submarino americano preguntaba, a los gritos <i>"¡Adónde ha desaparecido ese avión, alférez!"</i> Y el muchacho le contestaba: <i>"No lo sé capitán, seguramente vuela por debajo del radar"</i>.</p>

<p>Así que ahí iba yo, por debajo del radar, y más que volar, como nadando por encima de las calles y rincones de siempre. No tenía mucho control, y cada vez que me acercaba a un edificio rebotaba contra la pared, pero no me caía solamente por esos milagros de la aviación.</p>

<p>Estaba como inflada de helio, porque cada vez me iba más para arriba, tan arriba que no me daba miedo enredarme con los cables, y el cielo era tan suave y tan fragante que de golpe me ponía a llorar. </p>

<div class="conversation" id="1">
Abajo estaba mi abuela y mis amigas del barrio que me saludaban con la mano, como hormigas amistosas, la torre del correo, los bares de la terminal de ómnibus y los alaridos del capitán del submarino yanqui que puteaba por el <a href="#" class="new-comments" onclick="Conversation.toggle(event, '1')">corto alcance del radar.<img src="../../ajax/comments-show.png" border="0"></a>
<div class="comments"><center><img src="http://farm3.static.flickr.com/2344/2361915467_6317b679fe_o.jpg" width="490" height="425" alt="Radar" /></center></div></div>

<p><i>"Ojalá morirse sea ésto"</i> me escuché decir y me desperté transpirada. </p>

<p>- ¿Morirme? - me dije en voz  bien alta en medio de la noche. - ¡Já que me voy a morir! ¡Me van a tener que venir a buscar y no pienso abrirles la puerta!</p>

<p>Y me quise arrebujar de nuevo entre las sábanas pero la palabra esta vez no sonó tan bonita, me quedé sin sueño y en la película, justo en ese momento, lo masacraban al japonés.</p>

<p>Salí al balcón. Corría una brisa agradable que te invitaba a respirar el olor de flores lejanas y desconocidas, esas que crecen más allá de la montaña, más alto que el reloj del correo y brillan tenues como los bares del amanecer. </p>

<p>Levanté la mano y saludé para arriba como una hormiga amistosa, porque nunca se sabe, a esas horas de la madrugada, quién pasa como nadando por el cielo encima tuyo, y es invisible porque aún es de noche y vuela muy por debajo del radar.</p>]]>
    </content>
</entry>
<entry>
    <title>En ascenso</title>
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    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1301</id>
    
    <published>2007-12-06T00:14:02Z</published>
    <updated>2007-12-06T00:16:51Z</updated>
    
    <summary>La próxima vez 
que se rompa el ascensor
me voy a dormir
a lo de alguna amiga
que tenga casa.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
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        <![CDATA[<p>La próxima vez <br />
que se rompa el ascensor<br />
me voy a dormir<br />
a lo de alguna amiga<br />
que tenga casa.</p>]]>
        <![CDATA[<p>La próxima vez <br />
que se rompa el ascensor<br />
me voy a dormir<br />
a lo de alguna amiga<br />
que tenga casa.</p>]]>
    </content>
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    <title>Interiores</title>
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    <published>2007-12-04T20:30:05Z</published>
    <updated>2008-03-27T18:27:18Z</updated>
    
    <summary>No es idea mía:
las bombachas
vienen cada vez más chicas.

(Ojo que leo la mente)</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
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        <![CDATA[<p>No es idea mía:<br />
las bombachas<br />
vienen cada vez más chicas.<br />
<p><br />
(Ojo que leo la mente)</p>]]>
        <![CDATA[<p>No es idea mía:<br />
las bombachas<br />
vienen cada vez más chicas.<br />
<p><br />
(Ojo que leo la mente)</p>]]>
    </content>
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    <title>Puro blablá</title>
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    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1299</id>
    
    <published>2007-12-01T02:53:01Z</published>
    <updated>2007-12-01T03:29:49Z</updated>
    
    <summary>Busco en mi diccionario
una palabra
y no la encuentro.
Y no es una palabra que inventé.
Ya no se puede creer en nada.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
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        <![CDATA[<p>Busco en mi diccionario<br />
una palabra<br />
y no la encuentro.<br />
Y no es una palabra que inventé.<br />
Ya no se puede creer en nada.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Busco en mi diccionario<br />
una palabra<br />
y no la encuentro.<br />
Y no es una palabra que inventé.<br />
Ya no se puede creer en nada.</p>]]>
    </content>
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    <title>Inundada de sequedad</title>
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    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1296</id>
    
    <published>2007-11-26T23:31:20Z</published>
    <updated>2007-11-26T23:32:56Z</updated>
    
    <summary>Qué ganas de que 
llueva un poco, así
en algún momento
para de llover.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
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        <![CDATA[<p>Qué ganas de que <br />
llueva un poco, así<br />
en algún momento<br />
para de llover.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Qué ganas de que <br />
llueva un poco, así<br />
en algún momento<br />
para de llover.</p>]]>
    </content>
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    <title>Extremismos</title>
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    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1284</id>
    
    <published>2007-09-14T23:12:05Z</published>
    <updated>2007-09-14T23:13:46Z</updated>
    
    <summary>Tengo la solución para
la burocracia estatal
y la privada.

Dinamita.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
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        <![CDATA[<p>Tengo la solución para<br />
la burocracia estatal<br />
y la privada.<br />
<p><br />
Dinamita.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Tengo la solución para<br />
la burocracia estatal<br />
y la privada.<br />
<p><br />
Dinamita.</p>]]>
    </content>
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<entry>
    <title>Otra más de preguntas y respuestas</title>
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    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1278</id>
    
    <published>2007-08-15T02:02:04Z</published>
    <updated>2008-03-26T00:44:29Z</updated>
    
    <summary>A pedido de alguna concurrencia me extendí en las respuestas. Yo me debo a mi público, qué tanto.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Miradas" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>Me está entrando a gustar esto de las encuestas. Son a cuál más tonta y predecible, pero me ahorran ponerme a escribir en estos tiempos de poco tiempo. Más adelante les voy a contar. Por ahora acompáñenme y nos adentremos en el fascinante mundo de las cadenas de preguntas.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Me está entrando a gustar esto de las encuestas. Son a cuál más tonta y predecible, pero me ahorran ponerme a escribir en estos tiempos de poco tiempo. Más adelante les voy a contar. Por ahora acompáñenme y nos adentremos en el fascinante mundo de las cadenas de preguntas.</p>

<p><br />
<b>1. ¿Cuánto tiempo llevas blogueando?</b><br />
No sé por qué me huelo que esa pregunta tiene que ver con la edad. Por lo tanto la considero policial y me refugio en la enmienda esa de las series yankis, que me protege de autoincriminarme en cualquier respuesta que me tire a los perros. De todos modos, no seas vago: abajo del primer texto está la fecha. Las cuentas sacálas vos.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>2. ¿Cómo te enteraste de la existencia de los blogs y te animaste a participar?</b><br />
Andaba pasando un momento de mi vida que con el tiempo llegué a denominar <i>"de la cintura enjaulada"</i>. Era como que me quería salir de mí, pero no podía. No podía ni dar la vuelta: sólo eso me separaba del Eslabón de Lujo. Así que me senté en la primera silla que encontré a mano, y resultó ser la de la compu.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>3. Decíme cinco blogs que sigas a diario, o con mucha frecuencia.</b><br />
Qué querés que te diga. Cada vez menos. Esto en una época parecía un barrio, lleno de gente dicharachera y con buena voluntad, y de a poco se fue llenando de unos cosos raros que me interesan bastante menos, y ya parece un edificio, donde uno no quiere ni conocer a sus vecinos. De todos modos, cada tanto me doy una vuelta por lo de la <a href="http://barbarita.blogsome.com">nena</a>, a ver en qué anda.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>4. ¿Eres lector anónimo de algún blog?</b><br />
<i>"Lector de blogs"</i> suena peor todavía que <i>"lector de diarios"</i>. ¡Y encima anónimo! Falta que se pare uno en medio de una reunión y diga <i>"soy fulano de tal. Leo blogs"</i>, y todos los demás lo saluden <i>"hola, fulano"</i> y aplaudan. Permitime que me baje de esa respuesta; prefiero ser comedora anónima de Oreos, que por lo menos tiene gracia que la gente no se entere.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>5. ¿Con qué cinco blogueros te irias de Borrachera?</b><br />
Con alguno mendocino, claro. Pero sólo por interés.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>6. ¿Con qué tres blogueros/as pasarías una noche de locura sexual?</b><br />
Si se presenta diciendo <i>"buenas noches, soy bloguero"</i>, con ninguno. Me levanto y pido un taxi. ¡Locura sexual! O hace mucho que no tenés imaginación, o hace mucho que no tenés sexo. Sólo así se puede entender que lo asocies con la palabra locura. O por falta de contacto, o por exceso de cliché.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>7. ¿Te has enamorado de algún bloguero?</b><br />
Y dale con el bloguero. ¿Primero si me lo llevé al catre y recién después si me enamoré? ¿Qué clase de costumbres te enseñaron en tu casa? Nene, dejá de preguntar sandeces y salí urgente a buscarte una novia.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>8. ¿Estas satisfecho con tu blog?</b><br />
Estoy aburrida. Parezco un tipo, mirá: <i>"No sos vos, soy yo"</i>. En cualquier momento cuelgo un relojito o un cuentaganado, cosa de ver algo que se mueva. Satisfecha estoy de poder llegar a fin de mes; satisfecha estoy de que me entre de nuevo la pollera marrón, que ya la daba por desahuciada. ¿Cómo voy a esta satisfecha de internet? Es como si me preguntás si estoy satisfecha de mi última llamada de teléfono.</p>

<p><img src="http://laestrella.elerlich.com/img/guarda.jpg"> </p>

<p><b>9. Elige otras victimas para continuar la cadena.</b><br />
Que se autoconvoquen. Yo soy de una democracia tremenda. Sobre todo cuando estoy fiaca, hace frío y acaba de oscurecer. </p>

<p>(Qué cuestionario pavo. No llega ni a la pregunta diez).</p>]]>
    </content>
</entry>
<entry>
    <title>Dias que dan asco</title>
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    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1276</id>
    
    <published>2007-07-21T00:12:13Z</published>
    <updated>2008-03-27T17:59:11Z</updated>
    
    <summary>El día del amigo es un asco. El día de la mujer es un asco. El día del tero es un asco, en caso que existiera. Todas esas fechas prefabricadas son una indignidad propia de una especie que no valora a los amigos, maltrata a la mujer y se olvida del tero los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año.
 
¿Qué hacer, entonces, cuando se acerca el día del amigo?</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Cuore" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>El día del amigo es un asco. El día de la mujer es un asco. El día del tero es un asco, en caso que existiera. Todas esas fechas prefabricadas son una indignidad propia de una especie que no valora a los amigos, maltrata a la mujer y se olvida del tero los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año.<br />
 <br />
¿Qué hacer, entonces, cuando se acerca el día del amigo?<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>El día del amigo es un asco. El día de la mujer es un asco. El día del tero es un asco, en caso que existiera. Todas esas fechas prefabricadas son una indignidad propia de una especie que no valora a los amigos, maltrata a la mujer y se olvida del tero los trescientos sesenta y cuatro días restantes del año.</p>

<p>¿Qué hacer, entonces, cuando se acerca el día del amigo?<br />
<div class="conversation" id="1">Hay que hacer las compras el 18, llenar la alacena y encerrarse desde el 19 hasta el 21. Y no mirar siquiera la televisión, que te enterás de <a href="#" class="new-comments" onclick="Conversation.toggle(event, '1')">cosas espantosas.<img src="../../ajax/comments-show.png" border="0"></a><div class="comments"><center><img src="http://farm2.static.flickr.com/1050/861651218_a37a39c171_o.jpg" width="490" height="567" alt="Adiós, maestro" /></a></center></div></div></p>

<p>Los amigos de verdad los tenés siempre al lado tuyo. Aunque se hayan ido antes de tiempo.<br />
 <br />
Tan antes de tiempo que hasta dan ganas de llorar.</p>]]>
    </content>
</entry>
<entry>
    <title>Mordiéndose la cola</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://laestrella.elerlich.com/2007/05/mordiendose_la_cola.php" />
    <link rel="service.edit" type="application/atom+xml" href="http://www.elerlich.com/cgi-bin/mt-atom.cgi/weblog/blog_id=3/entry_id=1255" title="Mordiéndose la cola" />
    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1255</id>
    
    <published>2007-05-05T20:23:29Z</published>
    <updated>2007-05-05T20:29:24Z</updated>
    
    <summary>La economía me come
viva y yo me como 
la indemnización.

¿Círculo vicioso?</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Post-it" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>La economía me come<br />
viva y yo me como <br />
la indemnización.<br />
<p><br />
¿Círculo vicioso?</p>]]>
        <![CDATA[<p>La economía me come<br />
viva y yo me como <br />
la indemnización.<br />
<p><br />
¿Círculo vicioso?</p>]]>
    </content>
</entry>
<entry>
    <title>Bisagras</title>
    <link rel="alternate" type="text/html" href="http://laestrella.elerlich.com/2007/04/bisagras.php" />
    <link rel="service.edit" type="application/atom+xml" href="http://www.elerlich.com/cgi-bin/mt-atom.cgi/weblog/blog_id=3/entry_id=1253" title="Bisagras" />
    <id>tag:laestrella.elerlich.com,2007://3.1253</id>
    
    <published>2007-04-30T17:02:05Z</published>
    <updated>2008-03-27T15:44:34Z</updated>
    
    <summary>- ¿Es o no es lindo?

Clarita se adelanta y prueba con las tropecientas llaves que tiene el llavero. Bah, llavero. Un aro de alambre con más llaves que las de alcatraz. Yo espero atrás, porque ya me la veo venir. Siempre que buscás una llave que no conocés, resulta ser la última, y ya me veo pateando la puerta y la verdad, no da.

- Ah, esta es.

La llave resulta ser la quinta, menos mal. La puerta se abre lamentándose de que no la aceitan desde hace una eternidad, y nosotras entramos a lo desconocido. </summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
            <category term="Miradas" />
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://laestrella.elerlich.com/">
        <![CDATA[<p>- ¿Es o no es lindo?</p>

<p>Clarita se adelanta y prueba con las tropecientas llaves que tiene el llavero. Bah, llavero. Un aro de alambre con más llaves que las de alcatraz. Yo espero atrás, porque ya me la veo venir. Siempre que buscás una llave que no conocés, resulta ser la última, y ya me veo pateando la puerta y la verdad, no da.</p>

<p>- Ah, ésta es.</p>

<p>La llave resulta ser la quinta, menos mal. La puerta se abre lamentándose de que no la aceitan desde hace una eternidad, y nosotras entramos a lo desconocido. <br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>- ¿Es o no es lindo?</p>

<p>Clarita se adelanta y prueba con las tropecientas llaves que tiene el llavero. Bah, llavero. Un aro de alambre con más llaves que las de alcatraz. Yo espero atrás, porque ya me la veo venir. Siempre que buscás una llave que no conocés, resulta ser la última, y ya me veo pateando la puerta y la verdad, no da.</p>

<p>- Ah, ésta es.</p>

<p>La llave resulta ser la quinta, menos mal. La puerta se abre lamentándose de que no la aceitan desde hace una eternidad, y nosotras entramos a lo desconocido. </p>

<p>- No está mal, gorda ¿no?</p>

<p>El local tiene más telarañas que una película de Spiderman y un olor a cerrado que parece la Argentina. Un foco no vendría mal: hasta un país del este tiene más iluminación, Pero en fin, ya se verá.</p>

<p>- He visto cosas peores, Clari. Ayer sin ir más lejos me pesé, así que ya no me sorprende nada.</p>

<p>- ¡Ay, gorda, ponéle un poco de onda! - abre Clarita la puerta que da a un patio interior. La luz entra de golpe, aplasta el ambiente con un cono lleno de polvo luminoso. - ¡Miralo con un poco de cariño que acá está nuestro futuro!</p>

<p>El patio es amplio, sí. Tiene unas baldosas con dibujos como las de la casa de mi abuela, pero un poco maltratadas. Hay una vegetación contra las paredes que parece aterrizada del amazonas. Va a tener que pasar Atila por lo menos para dejarlo un poco presentable.</p>

<p>-¿Y? - Clarita se pasea nerviosa por el salón. Bah, salón. Bueno, sí. Digamos salón. Pongámosle <i>"un poco de onda"</i> y tratémoslo de salón. - La zona es óptima, el precio es bueno, la casa es amplia ¡Decí algo, caramba!</p>

<p>- No tengo palabras, Clari - Me adentro y pego una relojeada general. El techo tiene unos vigones de madera que podrían no venirse abajo. Con un poco de lija, quién te dice. - Tampoco tengo ganas de limpiar, te voy avisando.</p>

<p>- Yo te voy a ayudar. Y Lucio y la Leti también. </p>

<p>Cierro la puerta del patio y volvemos a quedar en penumbras.</p>

<p>- No, nena. Nadie "me va a ayudar" - Los pasos resuentan como cascos de caballo. Me acabo de dar cuenta de que el piso es de parquet. No está mal. Nada mal. - Si nos metemos en ésta nos metemos todos por igual. Acá nadie "ayuda" a nadie ¿estamos?</p>

<p>- Ufa, gorda - resopla Clarita mientras abre la puerta y entra el ruido de la calle. - parecés una celadora de colegio.</p>

<div class="conversation" id="1">- Cruzamos la calle y miramos la casa desde el <a href="#" class="new-comments" onclick="Conversation.toggle(event, '1')">frente.<img src="../../ajax/comments-show.png" border="0"></a><div class="comments"><center><img src="http://farm1.static.flickr.com/220/478546830_faab0530dc_o.jpg" width="490" height="527" alt="ventana" /></a></center></div></div>

<p>- Sí, no está mal.</p>

<p>- ¿Entonces le metemos?</p>

<p>Nos miramos como dos adolescentes a punto de hacer una travesura. </p>

<p>- Y bueno, nos metamos.</p>

<p>-¡Ay, lo llamo al de la inmobiliaria y crucemos los dedos! - marca Clarita en el celular, de camino al auto.</p>

<p>- Vos cruzarás los dedos, nena. Yo hasta las tetas voy a cruzar.</p>

<p>Mientras Clarita combina con el de la inmobiliaria, abro la ventanilla y pego una bocanada de aire de esas de final de maratón. Ya estoy vieja para estos trotes. ¿Será por eso el cosquilleo en las plantas de los pies?</p>

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<p><br />
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