¡Ay,¡cómo me gusta el verano! El invierno es un asesino. Por más de marca y entallada que sea la ropa que usás, ¡caminando te sentís una osa polar de cara morada! Por eso: el verano es mi revancha, sí, sí, sí.
Ay, mi amiga tiene buenas ideas pero siempre las termina por arruinar, yo no sé qué le pasa. ¡Se me ocurrió ayudarla y de paso divertirnos un rato con eso de vender cosas! Claro que le cambié un poquito el punto de vista ¿no?
Como habrán podido leer en la columna de la gorda tremendista, ¡tenemos por delante un montón de vacaciones! Ah, sí. A mi me gusta ver el lado lleno de la copa. Una de esas bien estilizadas. ¿Sabés lo flaquita que te reflejás en una de esas copas?
¡Feliz día a todos ustedes, amigos y amigas que todavía no conozco bien! Ay ¡cómo me gustan estas fechas! Me encanta ponerme mi mejor ropita, salir a festejar con mis amigas y de paso que vean qué bien que me mantienen el gimnasio, el matrimonio y el ginseng.
Discutí con mi marido por unas minucias de la tarjeta de crédito, y ya van dos días que nos tratamos como hermanos. ¡En otro momento salía con la misma tarjeta a comprarme la lencería más cara, a ver si se quejaba! Pero esta vez he decidido esperar al Mundial.
¡Ay, qué emoción tener mi propia columna en la página de la Gorda!
A este lugar le estaba haciendo falta charme, sentido común y feng shui.
Bueno, ya pensaré en algo: no me apuren.
Hoy me escapé con las brujas de contaduría y nos fuimos de compras. Yo creía que la iba a pasar bárbaro, que iba a relajarme a medida que la tarjeta se hiciera más finita, pero al final me salió todo al revés.
¡Qué poco disfruta la gente!
¿Cómo hace la gorda para escribir?
Estuve recorriendo todas las cosas que puso en esta página (y más allá de que es más que bien mala conmigo), la verdad es que no entiendo.
A mí me gustaría, pero me distraigo rápido, y nomás empiezo y ya me estoy limando las uñas...
Ayer me sentí una princesa. Más: una reina. Mejor: una emperatriz.
Tempranito, con las cortinas que se movían con la brisa fresca de la mañana, el canto de los pájaros en las ramas de los pinos del jardín, mi marido entró a la habitación, envuelto en la minibata negra de seda con el dragón en la espalda que le regalé para la primera vez, trayendo la bandeja con el desayuno y una flor entre los dientes.
Parecía una película italiana de esas con puertas que entran y salen y gente que habla a los gritos ¡Cómo me divertí!
¿Se acuerdan que apenas la Romu se fue le di a "alguien" la ubicación de la casa? Bueno. En algún momento de ayer recibí un touch por celular avisándome que había llegado bien, que se la había encontrado a la gorda y que patatín y patatán.
Ay... ¡no lo puedo creer no lo puedo creer no lo puedo creer!
¡Estoy en el reino de la Romu!
¡Nos pasamos el feriado con Lucio y Leti metiendo mano y ahora que lo veo no lo puedo creerrr...!
Lucio es el "nene" de la Romu. La otra mamota (o marmota, ahora que la tengo lejos puedo decir lo que quiera) le sigue diciendo nene, ¡pero el "nene" ya cría pelos hasta en las ideas! ¡Nene!
(Si no fuera hijo de una amiga y yo no estuviera casada y feliz, con otros ojos lo miraría al nene)